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Miércoles, 9 marzo 2011
Crítica

El baño del Papa

Por Javier Montes, periodista

[Img #12938]Melo es una pequeña localidad uruguaya de apenas 50.000 habitantes, situada a 60 kilómetros de la frontera con Brasil. La pobreza es una inquilina más de los hogares donde cada día se libra una batalla para lograr comida, para sobrevivir. Melo vivió unos días especiales en 1988, cuando recibió la [Img #12945]visita del Papa Juan Pablo II. Fue el 8 de mayo de aquel año, una efeméride que empujó a Enrique Fernández y a César Charlone a codirigir ‘El baño del Papa’ (Uruguay, 2007).


Coproducida por Fernando Meirelles (dos veces nominado a los Óscar por ‘Ciudad de Dios’ y ‘El jardinero fiel’), ‘El baño del Papa’ narra la lucha contra la miseria de los habitantes de Melo, su solidaridad, su ingenio y sus sueños. En unas destartaladas bicicletas recorren a diario los 60 kilómetros que les separan de la frontera con Brasil para comprar víveres por encargo de algún tendero de la localidad. Son contrabandistas en minúscula escala que se enfrentan a la móvil –como llaman a la policía de la aduana, en general, corrupta- y a un trabajo durísimo que no siempre encuentra recompensa. Su sueño es lograr algún un poco de dinero y la visita del Papa dispara su imaginación.


La llegada de los primeros periodistas, días antes de la presencia de Su Santidad,  revuelve a los vecinos. Les hablan de los miles de visitantes que arrastrará Juan Pablo II  y del cambio tan brutal que va a experimentar Melo. Ven en el Papa la salida a sus problemas. Ven dinero y creen que el fin de la miseria llegará con Juan Pablo II. Al principio de la cinta se advierte de que los hechos que se relatan en ‘El baño del Papa’ “son en esencia reales y sólo el azar impidió que sucedieran como aquí se cuentan”.


Montan puestos, empeñan sus escasos bienes para comprar carne y hacer bocadillos de chorizo, empanadas… Melo sueña con una vida más digna. Beto, protagonista de la trama y uno de los contrabandistas, apuesta por construir un baño y alquilarlo a la gente para hacer sus necesidades. “¿Parcial o completo?”, ensayan días antes de empezar a explotar lo que consideran su gallina de los huevos de oro. Es la comedia dentro de la tragedia, la tragedia convertida en comedia. La compra del váter supone un sinfín de penalidades.


La visita del Papa se queda en una fecha para la historia. Apenas visitaron Melo 400 brasileños y unos 300 periodistas acreditados. No hubo negocio, no hubo dinero. Todo siguió prácticamente igual o incluso, para algunos, a peor.


‘El baño del Papa’, estrenada en Cannes y premiada en el Festival de Cine de San Sebastián, es una comedia desgarradora; es una película inolvidable.

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