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Miércoles, 2 marzo 2011
Crítica

Deshojando la margarita

Por Javier Montes, periodista

[Img #12926]Hay películas que son un adelanto a los tiempos. No hace falta que miren al futuro o estén plagadas de efectos especiales, basta con que innoven con planos jamás vistos, técnicas novedosas, escenas inusuales o temáticas futuristas. En la madrugada del pasado domingo al lunes se celebró en Los Ángeles una nueva ceremonia de entrega de los Óscar. Como siempre, esa gala dio muchísimo que hablar y despertó críticas, elogios y recelos. Entre las críticas me quedo con una reflexión que le escuché a la corresponsal de Televisión Española en Estados Unidos. Acusa a los miembros de la Academia, los encargados de conceder las famosas estatuillas, de no apostar nunca por lo nuevo, de cobardía ante propuestas que quizá, según la periodista, no acaban de entender unos señores cuya edad media roza los setenta años. Si el año pasado la taquillera Avatar se quedó fuera del gran reparto de premios, en esta edición el precio de lo nuevo lo ha pagado La red social en favor de El discurso del Rey, la triunfadora de los Óscar 2011. No he visto ninguna así que no juzgo y vuelvo a mis líneas que me he despistado.


No es necesario que la cinta sea moderna para encontrar la vanguardia de la que antes hablaba. Hace más de medio siglo se estrenó en Francia Deshojando la margarita (1956), una comedia protagonizada por una Brigitte Bardot espectacular con escena de striptease incluido (quienes piensen ver la película sólo por esto se llevarán una decepción). En España, por aquel entonces, cualquier insinuación era motivo de censura y, ni que decir tiene, que Deshojando la margarita no pudo visionarse hasta pasados muchos años. Los franceses iban un paso por delante de nuestra sociedad, capada por el régimen y ansiosa de ver a BB en todo su esplendor.


Ahora, en pleno siglo XXI, vas a una biblioteca pública de cualquier ciudad –yo la cogí en Gijón- y puedes disfrutar de películas como la dirigida por Marc Allégret. 


Cuenta la historia de Agnès Dumont (BB) que escapa a París cuando su padre –un general- descubre que es la autora de una escandalosa novela. Allí intenta reunirse con su hermano, quien había dicho en casa que era un consagrado pintor cuando en realidad es el guardián del Museo Balzac. Esa confusión pone en un grave apuro económico a Agnès, quien decide participar de incógnito en un concurso de striptease. Salpicada de humor, la cinta, además de entretener, invita a meditar sobre la ‘libertad’ de la que disfrutaban los franceses a mediados del siglo pasado.


Es moderna, vanguardista para su época, con escenas sin tapujos y diálogos abiertos. Merece un premio.

 

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