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Enmanuel Camacho
Jueves, 18 noviembre 2010

Disculpen, ¿cuántos muertos entonces?

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Por Enmanuel Camacho, periodista

[Img #12237]Se escucha el romper de las olas aunque la noche oculta el Atlántico que baña las orillas de Rabat. Es una cena oficiosa, de corresponsales españoles, víspera de tragedias. La tribu habla de un nuevo sistema de espionaje tecnológico que ha adquirido el gobierno y que permite escuchar las conversaciones que se tienen en presencia de un teléfono móvil. Sí, en presencia, no hablando por él. Es decir, que pueden escucharte en una cafetería si el móvil está encendido sobre la mesa. Uno decía que el aparato hace de micro-portadora o qué sé yo y que sólo se neutraliza si quitas la batería. ¿Ciencia ficción? No, realidad 100% made in USA. La tropa anda de hostias porque ya no pueden trabajar. El permiso  de un año para poder grabar y cubrir noticias en Marruecos  es historia. Ahora, a diario, tienen que enviar un fax al Ministerio de In-Comunicación, explicar qué van a hacer y esperar el permiso, que es lento y, en demasiadas ocasiones, nunca llega.  Rodar en Marruecos viene a ser con una prueba de obstáculos. En cualquier momento, cualquier mequetrefe de la Mukada, la policía, la gobernación o el kiosco de enfrente se ve con el derecho a exigirte los papeles. -Haría el favor de documentarse porque yo soy periodista acreditado pero, ¿quién carajo es usted?-. Así andan los colegas que ya no hay quién aguante en el cortijo de Mohamed.


La semana pasada Ángels Barceló rompía el cerco en El Aaiún junto a Nicolás Castellano y Ángel Cabrera. Tiene mérito, valor y, lo que es mejor,  es mediático. También lo hizo, con menor repercusión, Edurne Arbeloa, de CNN,  enfundada en el shador y un teléfono móvil con cámara. Gracias a intentos como estos el mundo puede ver o quizá oír algo de lo que pasa en ese pedazo de tierra maldita y sagrada. Por suerte para ellos, tan sólo están de paso.


A Luis de Vega (ABC) le han retirado la acreditación de corresponsal. A Parreño (TVE) y Eduardo Martín (SER)  les han dado unas hostias. Y el clan de “los granainos”,  los increíbles Queco y Migue, Rubén García (TV3), Virgilio el “rasta” (A3), Erena Calvo (El Mundo) y otros tantos, se han quedado en el aeropuerto con cara de capullos. Quizá porque viven allí y están fichados, porque todos los secretas de Rabat saben dónde viven, qué comen y con quién se acuestan.


Es cierto que los medios de comunicación y los que trabajamos en ellos bailamos al son de una melodía en muchos casos interesada. Pero también lo es que hay profesionales con mucho arrojo, vocación, sensibilidad y compromiso jugándose los cuartos, por dar a conocer al mundo las desgracias que viven hombres, mujeres y niños de carne y hueso.


Por eso, cuando leo que el Ministerio de la Comunicación denuncia las prácticas de "animosidad" y de "falsificación de hechos" de nuestros amigos del moro, me acuerdo del funcionario que se reía por teléfono al decirnos: La cultura también se deniega. Siento decirle que no está autorizado.

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